Vía Ferrata

por | 09/08/20

Hoy he hecho una vía ferrata. No soy muy montañera, pero siempre que voy lo disfruto mucho.

La ruta de hoy era espectacular. En muchos puntos los paisajes eran un auténtico regalo y yo me sentía en paz.

Sin embargo, dado que era una ruta con bastante desnivel, ha sido durita. En algunos momentos me sentía agotada y tenía que bajar el ritmo o pararme a reposar. Cuando esto sucedía, mi mente dirigía su atención hacia la cima (que siempre parecía muy lejana) y empezaba a mandarme todo tipo de mensajes “no vas a llegar”, “no aguantas más”… también, se liaba a buscar razones sobre porqué era mejor darme la vuelta o porqué yo no estaba hecha para la montaña (por suerte ya nos vamos conociendo y cada vez me tomo menos en serio a mis pensamientos 🤪)

Llegar a la cima fue espectacular (aunque experimenté bastante miedo): las vistas increíbles y tanto el bocata como la sensación de satisfacción indescriptibles.

Al bajar nos perdimos y, además, mis pies empezaron a llenarse de ampollas. De nuevo sensaciones desagradables y mi mente volvía a las andadas. Centrarme en cada paso que daba y hacer hueco a todas las experiencias de la ruta me facilitó seguir. He acabado k.o pero muy satisfecha, y durante todo el camino no he dejado de pensar en lo que se parece la vida a la experiencia en la montaña:

🌱 Saber a donde queremos ir es importante, nos ayuda a construir un camino que tenga sentido. Sin embargo, entrenar la habilidad de atender a cada paso que damos es imprescindible: nos permite experimentar nuestro presente sin anticiparnos.

🌱 Saber a donde queremos ir no nos exime de equivocarnos o perdernos, pero la buena noticia es que siempre podemos recalcular.

🌱 Nuestras sensaciones nos aportan información muy valiosa. A veces necesitamos descansar, pisar el freno o cambiar de rumbo y la única forma de saberlo es escucharnos.

🌱 Tanto las experiencias agradables como las desagradables forman parte de la vida. Querer eliminar algunas sería incompatible con tener las otras.

🌱 Nuestra mente a veces nos juega malas pasadas. La capacidad para pensar en ocasiones nos lía y amplifica el malestar. Conocer cómo funcionamos puede ser útil para no enredarnos de más.

Gracias por leerme,

Lucía