¿Qué es el insomnio?
¿Alguna vez te ha pasado eso de estar en la cama e ir viendo como pasan las horas y tú sigues sin quedarte dormido/a? ¿y despertarte en mitad de la noche, o muy temprano por la mañana, y no conseguir dormirte de nuevo?
Se denomina insomnio a la dificultad para conciliar o mantener el sueño, y es uno de los problemas del sueño más frecuentes que experimentamos las personas. Las causas de estas dificultades del sueño pueden ser múltiples (p. ej., factores psicológicos, enfermedades, cambio de hábitos, consumo de fármacos o sustancias…) aunque, generalmente, se asocian a factores de carácter psicológico como el estrés, las preocupaciones o cambios en la vida que influyen en cómo nos encontramos y dan lugar a dificultades para conciliar el sueño transitorias.
En esta serie de post, vamos a hablar sobre el insomnio y sobre algunas claves para acabar con él, pero empecemos por el principio:
¿Cómo funciona eso del sueño y por qué nos cuesta quedarnos dormidos/as?
En líneas generales, podríamos decir que quedarnos dormidos/as es una respuesta involuntaria de nuestro organismo que sucede cuando nos encontramos en un estado de baja activación (es decir, cuando estamos relajados). Debido a esto, generalmente cuanto más nerviosos/as o activados/as nos encontramos más difícil puede llegar a ser conciliemos el sueño, por lo que cuando pasamos por épocas complicadas es más habitual que nuestro sueño se vea afectado.
Además de esto, nuestro propio comportamiento también desempeña un papel fundamental en el descanso: puede contribuir a facilitar ese sueño o, por el contrario, dificultar más que nos quedemos dormidos. Por este motivo, de hecho, muchas personas cuando tienen insomnio deciden acudir a terapia psicológica. Pero…
¿Qué es eso de que el comportamiento influye en el sueño?
Pongamos un ejemplo:
María, que es una persona que se preocupa mucho por los demás, pasa tres noches seguidas durmiendo muy poco tras recibir la noticia de que su hermana se ha quedado sin trabajo. Por las noches, al estar en la cama, empieza a pensar de forma recurrente y a preocuparse sobre cómo estará su hermana en el futuro. Este comportamiento de María, hace que cada vez se vaya poniendo más nerviosa y que, por lo tanto, se reduzca la probabilidad de que se quede dormida. Además, al ser consciente de que no se está durmiendo, mira constantemente el reloj contabilizando cuántas horas de sueño le quedan y anticipando como se encontrará mañana, lo cual le hace pensar que estará muy cansada y que se encontrará mal, por lo que empieza a pensar que quizás no será capaz de desempeñar bien su trabajo, etc. Cada vez María está más nerviosa e intenta relajarse, pero cuanto más lo intenta menos relajada se encuentra, por lo que cada vez se encuentra más activada. Van pasando las horas y finalmente tarda mucho en dormirse. Al día siguiente, al estar muy cansada, María decide dormirse una larga siesta al llegar del trabajo, y este comportamiento vuelve a influir en que por la noche no se encuentre bien y vuelva a tener problemas para dormir, etc.
Como se puede apreciar en el ejemplo, María está muy preocupada por su hermana, lo que ya de por sí está afectando en que se encuentre menos relajada que en otras ocasiones y le resulte más difícil dormir. Además de eso, todos los comportamientos que está poniendo en marcha (darle vueltas al futuro de su hermana, mirar el reloj constantemente, intentar relajarse, pensar en cómo se encontrara mañana…) paradójicamente, están contribuyendo a que se mantengan sus dificultades del sueño.
En definitiva, nuestro propio comportamiento va a ser algo importante cuando hablamos de dormir, pero…
¿Qué podemos hacer exactamente para acabar con el insomnio?
En siguientes posts trataremos algunas claves psicológicas que pueden resultar útiles para mejorar los problemas del sueño. Además de esto, la terapia psicológica puede ser un recurso adecuado cuando estas dificultades interfieren en el día a día y se mantienen en el tiempo.
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