Emociones

por | 21/08/23

‘Quiero dejar de sentirme así’, ‘Debería sentir ilusión’, ‘Quiero estar tranquila’, ‘El problema es mi vergüenza’, ‘No quiero sentir miedo’, ‘Necesito quitarme está rabia’…

Ay, las emociones… Menudo temazo.

  • Son un mecanismo de adaptación y supervivencia. Tienen la función de indicarnos lo que necesitamos en un momento dado y nos dan, por tanto, la posibilidad de poner en marcha acciones para ‘atendernos’. Nos ayudan a sobrevivir y a adaptarnos a este mundo cambiante.
  • Son perlas de información sobre nosotros mismos, sobre nuestra interacción con los demás y con el mundo. Nos recuerdan a menudo cómo ha sido nuestra historia de aprendizaje, de qué manera nos estamos relacionando con nuestro contexto actual (¿nos estamos adaptando?, ¿nos está asfixiando?) y nos señalan lo que nos importa o tiene valor (y por tanto nos duele o nos asusta perder).

Emociones… más o menos agradables, más o menos intensas, más o menos complejas… pero efímeras y temporales, como las olas del mar 🌊

A menudo convertidas (a través de reglas o creencias muy extendidas) en ‘el problema’ o la patología y por tanto en «lo que hay que eliminar». Y desde ahí nos liamos a poner en marcha múltiples estrategias (topográficamente variadas, funcionalmente similares) para eliminar el malestar. Con la consecuencia paradójica de que veces se amplifica (por hipervigilarlo, por tratar de eliminarlo…), otras veces va limitando nuestra vida (por evitar experimentarlo a toda costa, por dejarle «al mando» de nuestras acciones) y en otras ocasiones nos desconecta de nuestras necesidades y anhelos (por ignorarlas).

  • ¿Y si el problema no son las emociones si no como convivimos (y por tanto respondemos) ante ellas?
  • ¿Y si la fortaleza no radica en eliminarlas si no en aprender a «convivir» con ellas?
  • ¿Y si no va de aprender a sentir menos, si no de aprender a sentir mejor?

¡Feliz verano!

Gracias por leerme,

Lucía